La indiferencia, es el estado de ánimo por el cual una persona no siente atracción ni rechazo hacia otro individuo, objeto o un asunto determinado. Se podría decir entonces que es un punto intermedio entre el aprecio y el desprecio.
Por lo cual, podemos ser indiferentes con las personas que nos rodean o con los noticias mundiales, pero lo mas preocupante es cuando la indiferencia es lo que predomina en nuestra relación con Dios
Marcos 1:40-41 dice: “Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio.”  Jesús se conmovió de la necesidad de salud de este hombre e hizo algo, lo sanó. No quedó indiferente a la necesidad de este hombre.
Jesús tampoco fue indiferente a los mandamientos de Dios, en los tres años que estuvo en la tierra realizó todo lo que tenía que hacer para cumplir el gran propósito: Salvar a la humanidad de la muerte eterna a causa del pecado.
¿Estás siendo indiferente a la dirección de Dios? Muchos caemos en el error de tomar en poco las advertencias bíblicas que están para cuidarnos de situaciones, que podrían afectar no solo a nosotros sino a nuestras familias. Un padre que ama a su hijo, le advierte acerca lo que es peligroso, para evitarle dolores y sufrimientos futuros. Ante esto, la reacción del hijo puede ser de obediencia o directamente no prestar atención a los consejos brindados.
Si bien es verdad que a veces nosotros somos los indiferentes, en otros casos, nos toca padecer la indiferencia de los demás.
Quizás hoy sientes que a nadie le importa lo que te pasa, o te quedas esperando gestos o palabras de afecto que tardan en llegar. Sin embargo, puedes estar seguro que Dios nunca será indiferente contigo. Aunque te sientas desprotegido, no es así, ya que El correrá en tu socorro. Su amor y su paz siempre están disponible para todo aquél que quiera recibir de Él.
Dios en su gran amor y gracia, cada día nos da la oportunidad de tener una vida digna. Oigamos y obedezcamos lo que Él nos manda, pues quiere lo mejor para nosotros. Si estás pasando por alguna situación donde te sientes abandonado, cree y confía que Dios te ama y no quedará indiferente a tu necesidad.
Se dice que la indiferencia mata, pero en realidad lo que hay que matar es la indiferencia y solo podrás hacerlo, cuando estés dispuesto a tener una mirada de amor y compasión por los que te rodean.

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