
“Cuando Jesús estaba por emprender su camino a Jerusalén, un hombre se le acercó corriendo, se arrodilló y le preguntó:
Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?
— ¿Por qué me llamas bueno?
—Preguntó Jesús—. Sólo Dios es verdaderamente bueno; pero para contestar a tu pregunta, tú conoces los mandamientos: «No asesines; no cometas adulterio; no robes; no des falso testimonio; no estafes a nadie; honra a tu padre y a tu madre».
—Maestro —respondió el hombre—, he obedecido todos esos mandamientos desde que era joven.
Jesús miró al hombre y sintió profundo amor por él.
—Hay una cosa que todavía no has hecho —le dijo—. Anda y vende todas tus posesiones y entrega el dinero a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Después ven y sígueme.
Al oír esto, el hombre puso cara larga y se fue triste porque tenía muchas posesiones.” Marcos 10:17-22 (NTV)
— ¿Por qué me llamas bueno?
—Preguntó Jesús—. Sólo Dios es verdaderamente bueno; pero para contestar a tu pregunta, tú conoces los mandamientos: «No asesines; no cometas adulterio; no robes; no des falso testimonio; no estafes a nadie; honra a tu padre y a tu madre».
—Maestro —respondió el hombre—, he obedecido todos esos mandamientos desde que era joven.
Jesús miró al hombre y sintió profundo amor por él.
—Hay una cosa que todavía no has hecho —le dijo—. Anda y vende todas tus posesiones y entrega el dinero a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Después ven y sígueme.
Al oír esto, el hombre puso cara larga y se fue triste porque tenía muchas posesiones.” Marcos 10:17-22 (NTV)
Aparentemente, aquel hombre le había entregado todo a Dios, guardaba todos los mandamientos, hacia todas las cosas bien, pero faltaba algo que había en su corazón y él no se daba cuenta: “su amor por el dinero”. Esto me recuerda una interesante anécdota:
En una ocasión un joven soñó que alguien tocaba fuertemente su puerta, cuando miró por la ventana se asustó mucho ¡era el diablo en persona! Lo primero que dijo fue: “¡Jesús, ¿dónde estás?! ¿Si te hice pasar a mi casa por qué el diablo viene a molestarme?” Entonces encontró a Jesús en un cuarto y cuando se acercó, Él le dijo: “Me hiciste pasar a tu cuarto pero no a tu casa”
Éste joven le había entregado su corazón a Jesús pero no por completo. Cuando le pidió perdón a Jesús y decidió entregarle todo, el diablo dejó de tocar la puerta. El muchacho de esta historia menciona que había algo a lo que no podía renunciar, habían cuartos que no quería que Jesús ordene, pero en ese sueño Dios le mostró que no debía seguir en medio.
Podemos ser buenos cristianos, obedientes a su palabra y, sin embargo, es posible que nuestro amor esté dividido.
Pregúntate: ¿He entregado todo a Dios? ¿He permitido que Jesús ordene toda mi vida? ¿Hay algo que me falta hacer para estar más cerca de Jesús? ¿Hay algo de tu vida que no quieres que se toque? Dejar de estar en medio, Dios te pide que seas frio o caliente.
¡Hoy decídete por Él!
¡Hoy decídete por Él!







