Cuando Elías le mandó a decir a Naamán que se lavara siete veces en el río Jordán para que fuera sano de la lepra que tenía, él se enojó mucho porque esperaba que Elías saliera a recibirlo, pusiera su mano sobre la lepra, invocara el nombre de Dios y lo sanara. Sus oficiales lo animaron y le dijeron:
- Si el profeta le hubiera pedido que hiciera algo muy difícil, ¿usted no lo habría hecho? Así que en verdad debería obedecerlo cuando sencillamente le dice: “Ve, lávate y te curarás”.
Al final Naamán decidió obedecer, se sumergió siete veces en el río Jordán, tal y como le había indicado Elías, y su piel quedó tan sana como la de un niño, fue curado.
No todas las cosas que Dios nos pida que hagamos tendrán lógica para nosotros, porque nuestra mente es finita y nuestros pensamientos no son iguales a los de Él, pero podemos estar seguros de que siempre responderá al hallar un corazón humilde y sincero, dispuesto a obedecerlo en todo tiempo.
Dios se opone a los orgullosos pero muestra su favor a los humildes. Santiago 4:6b (NTV)
Deja de pensar tanto y ya no pierdas más el tiempo, si en verdad quieres ver un milagro en tu vida, sé sensible a la voz de Dios y a todo lo que está a tu alrededor, porque Él usa circunstancias e incluso a personas para que te guíen a tomar sabias decisiones. Haz lo que Él te pida, aunque para ti no tenga mucho sentido. Recuerda que Él nunca se equivoca y que en la obediencia, hay bendición.
Se cree con el corazón, no con la mente.

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