
Los batracios quizás son la especie más numerosa en el planeta. Este extenso género normalmente habita en lugares húmedos como estanques, riachuelos, charcos, pantanos, etc.
Pero estos animales, como el renacuajo por ejemplo, son hospedadores naturales de muchos parásitos. Sólo este animal, aún contaminado, podría convertirse en una plaga no sólo para sí mismo, sino para quien lo tenga en contacto.
Los estudios dicen que un renacuajo de estanque, cuyos parásitos sobre pasan el límite de su aparato inmunológico, pueden mostrar los siguientes comportamientos: Una disminución de peso sin una razón aparente hasta que llega el día en el que deja de comer por completo, se aparta del resto del grupo, se vuelve indiferente a toda clase de estímulos a los que respondía antes y por último, acaba muriendo sin remedio.
El balance entre el batracio y el parásito se ha desequilibrado a tal punto que ha arrastrado al animal a una muerte segura.
Lo que llama la atención, es que muchas veces este mismo comportamiento caracteriza a un cristiano que está por apartarse, por ejemplo: Una disminución notoria en el apetito por buscar la voluntad de Dios hasta llegar a un momento en el que deja de orar y de leer la biblia por completo. El sujeto empieza, poco a poco, a apartarse de su grupo, de su iglesia y de su ministerio. Se hace indiferente a todo aquello que entusiasmaba su vida espiritual y finalmente termina apartándose por completo.
Pero este comportamiento en las personas no lo provoca un parásito como en los renacuajos, sino que se trata de una raíz de amargura.
Hebreos 12:15 dice: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados.”
En ocasiones podemos sentir un pequeño resentimiento por algo que vimos, que nos tocó vivir o que simplemente, malinterpretamos. Cualquiera que sea la causa, siempre actúa como un pequeño virus, como una raíz que germina, crece y de seguro quiere dar frutos. Al final, uno corre el riesgo de quedar tan resentido y tan convencido de tener la razón, que hasta es muy probable que encuentre la más mínima excusa para alejarse del lugar donde Dios lo puso.
La biblia nos muestra un camino para vencer la amargura. En Efesios 4:26 dice: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo”
¡Mata la raíz de tu amargura!
No dejes que sigan creciendo esos pequeños sentimientos como parásitos que te alejan de la gracia de Dios e impiden que alcances promesas para tu vida.







