El diccionario de la Universidad de Oxford de Inglaterra, define la palabra procrastinación como la acción de postergar o posponer algo.
Aunque parece que fuera una conducta inofensiva, esta condición podría afectar a cualquier persona a niveles crónicos, siendo uno de sus síntomas principales el dejar cualquier actividad para el último momento o finalmente, para no realizarla.
Existe un famoso relato infantil que podría ilustrarnos mejor; se trata del cuento de dos insectos, por una parte la hormiga quien trabajaba todos los días para guardar comida para el invierno y por otro lado, su amigo el grillo, se la pasaba cantando y dejando para  el día siguiente  el alimento que debía recoger en ese momento. Todos conocemos el final, pero a diferencia de las historias animadas, en este caso el insecto más holgazán seguramente terminará muriendo a la llegada del crudo invierno.
Algunos especialistas mencionan que son tres las causas principales de la procrastinación:
Por evasión, que es cuando se evita empezar una tarea por cualquier excusa. Por activación, cuando se posterga un deber hasta que ya no hay más remedio que realizarlo. Por indecisión, cuando en el intento de realizar una tarea, el sujeto se pierde pensando la mejor manera de hacerlo sin llegar a tomar una decisión concreta.
Toda persona inmersa dentro de la sociedad tiene responsabilidades cotidianas, personales y sociales: ir de compra, acudir al médico, ordenar la ropa, hacer ejercicio, trabajar, atender a la familia, pagar deudas o impuestos, asistir a la iglesia, cumplir con algunas responsabilidades extras, etc. Pero cuando uno deja todas las tareas para después suele tener la sensación de que no le alcanza el tiempo para nada e inevitablemente la frustración se hace presente, seguida por la inseguridad y por último, el estancamiento al no tener la suficiente capacidad de realizarlo todo.
Algunos hechos mucho más lamentables van desde  no terminar de leer un libro, hasta no haber resuelto los problemas matrimoniales en su momento. Cuando dejamos que  los problemas se acumulen, por más pequeños que sean, se hacen como una bola de nieve rodando por la montaña y van creciendo poco a poco hasta llegar a un punto incontenible y quizás imparable.
La biblia habla de no afanarnos por el día de mañana porque de seguro tendrán sus propios problemas, Mateo 6:34 dice:“Así que no se preocupen por el mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Los problemas del día de hoy son suficientes por hoy.”  Nueva Traducción Viviente
Es verdad que cada día tiene su pequeño afán, pero si los dejamos para mañana, estos se acumulan. Quizás hoy estamos lidiando con los pequeños problemas que podríamos haberlos resuelto el día de ayer.
Por ejemplo, hay algunas editoriales bíblicas que separan la biblia en pequeñas partes de tal modo que se podría terminar de leerla en un año, pero por dejar para mañana esas pequeñas partes, las lecturas se extienden por más tiempo y en el peor de los casos, uno nunca termina completando su propósito.
Quizás has dejado un libro, una carrera estudiantil, un trabajo o un proyecto, quizás estás dejando que pasen los días para resolver problemas con tu familia, cuentas pendientes, pagos atrasados, o tal vez algo más profundo como salir a jugar con tus hijos, darle un regalo a tu esposa, visitar a tus papás, decirle un te amo a alguien especial, etc.
Echa fuera toda oportunidad de procrastinación de tu vida, ocúpate del pequeño afán para este día, ordena tu tiempo y completa todas tus obligaciones.
No hay nada mejor que la satisfacción de un trabajo terminado y bien realizado.

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