
Muchos hijos deben realizar ciertas tareas y responsabilidades en casa antes de poder obtener lo que tan ferviente quieren y piden a los padres. Por ejemplo; cuando el niño desea algún juguete la madre exige que termine con la comida o que no ensucie su ropa, incluso en la adolescencia si no ordenaron su cuarto no podrán salir con sus amigos.
Dios, como nuestro Padre, también pide algo antes de poder conceder la petición de sus hijos, demanda obediencia a sus mandatospara que podamos obtener la bendición o el milagro que estamos esperando.
Si estás esperando ser restaurado o que Dios sane tu corazón, Él te pide primero perdonar para que pueda actuar en tu vida; si lo que anhelas es tener un trabajo o la conversión de tu familia, te pide que tengas fe y que creas primeramente en Él para ver ese sueño concretado.
Cada milagro que Dios hace tiene como ante sala la obediencia que debe existir en quien lo pide.
Estamos acostumbrados a esperar cruzados de brazos las peticiones que tenemos y lo que deseamos, queremos que todo el trabajo lo haga Dios y llegamos a preguntarnos si en realidad nos escucha e incluso dudamos de que pueda hacerlo, cuando en realidad, Dios sólo está esperando que pongamos de nuestra parte y ya nos dio los pasos a seguir en su palabra.
El milagro y la bendición vendrán una vez que tú hagas tu parte obedeciendo a Dios en lo que manda. Él quiere trabajar en equipo y una vez que cumplas con lo que tu Padre te ordena, sólo resta esperar el milagro.
“Guarda y escucha todas estas palabras que yo te mando, para que haciendo lo bueno y lo recto ante los ojos de Jehová tu Dios, te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti para siempre.” Deuteronomio 12:28 (RV-1960)
Dios no falla, pero de tu obediencia dependerá la bendición.







