
Hace un par de meses me encontraba en una reunión, había una muchacha sentada a mi lado quien, al finalizar las actividades, cuando nos preparábamos para salir, me miró y me llamó por mi nombre. Al principio no tenía ni idea de dónde la conocía, ella, al percatarse de esto me ayudó a recordar. Me dijo su nombre y con mucha pena seguía sin recordarla, hice un esfuerzo hasta que al final recordé quién era.
Se trataba de una amiga de infancia, íbamos a la misma escuela y estábamos en el mismo curso, recuerdo que me invitaba a su casa para hacer tareas y hasta pasábamos juntas los descansos de la escuela. Ella cambio mucho en lo físico, tanto que no la reconocí; aquella niña que creía que iba a ser mi amiga para siempre ahora se convirtió en una extraña antes que la reconociera.
El tiempo hace que todo cambie rápidamente y es una realidad que en muchos casos nos gustaría evitar. Quisiéramos conservar para siempre una amistad, la misma apariencia física, habitar en el mismo lugar donde crecimos muy felices, hasta quisiéramos que la naturaleza a nuestro alrededor se conservase por siempre, pero la realidad es que todo se transforma con el transcurrir de los años.
Si bien todo cambia con el pasar los años hay alguien que no, en Salmos 102:25-28 (NTV) dice: “Hace mucho tiempo echaste los cimientos de la tierra y con tus manos formaste los cielos. Ellos dejarán de existir, pero tú permaneces para siempre; se desgastarán como ropa vieja. Tú los cambiarás y los desecharás como si fueran ropa. Pero tú siempre eres el mismo; tú vivirás para siempre. Los hijos de tu pueblo vivirán seguros; los hijos de sus hijos prosperarán en tu presencia».
Dios es inmutable (que no cambia) su amor, perdón, gracia, misericordia, justicia y todo lo que en Él hay no cambiaron ni cambiarán jamás.
Si hoy estás pasando por un tiempo de dificultad o desasosiego y te sientes abandonado recuerda que Dios está ahí a tu lado, su amor por ti no ha cambiado, aunque hayas cometido errores su perdón está firme esperándote, Él te perdonará si te acercas confiando y con arrepentimiento.
Tu entorno puede cambiar, tu familia también, las circunstancias, tu trabajo, etc, pero algo que no cambiará jamás es el amor que Dios tiene por ti. Reconócelo hoy, pues sigue siendo el mismo de ayer y lo será por siempre.







