
Cansada, retornaba a mi casa junto a mi hija de 2 años y como es habitual, me subí al autobús pero estaba lleno, especialmente de estudiantes. No había ningún asiento libre y con mi hija en brazos, se me dificultaba mantener el equilibrio, con mi hija en brazos.
Lo más sorprendente fue que nadie parecía prestar atención a mi necesidad. Mientras uno miraba por la ventanilla, otro permanecía abstraído con su teléfono, aunque también estaba el que escuchando música, parecía no estar presente. El único que vio lo que sucedía fue el chofer, quien le llamó la atención a los jóvenes y entonces sí, uno de ellos me cedió el asiento.
Recordaba mi niñez, cuando los mayores se esmeraban en enseñarme ciertos valores que se reflejaban en nuestro comportamiento, pero ahora, unos cuantos años después, los mismos parecen estar ausentes.
Es preocupante, como algunas buenas costumbres se han dejado de lado, como el saludo, la cortesía, la comunicación, pareciera que cada uno vive en su pequeña burbuja.
Los valores morales y espirituales, son primordiales para nuestro diario vivir, ya que estos les dan un verdadero significado a nuestras vidas. Estos llevan a la persona a valorarse a sí misma y a los demás, crecer con dignidad y tener una cultura de amor, reverencia y respeto por Dios. Los valores morales y espirituales perfeccionan a las personas, llevándolos a vivir en armonía, haciéndolos más humanos y con mayor calidad de vida. De nada nos sirve tener muy buena salud, ser buenos creyentes o muy inteligentes si no hacemos el bien y no obramos con justicia. La Biblia dice:
“El que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.” Santiago 4:17
Las personas que cultivan estos valores siempre tienden a identificarlo con lo bueno, lo perfecto y lo valioso.
“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” Filipenses 4:8
Hoy en día la sociedad tiene una imagen distorsionada de los verdaderos valores. Paradójicamente actúan de acuerdo a los antivalores que propician creencias equivocadas. Estas promueven valores falsos con prioridades distorsionadas. Por lo tanto, esto nos deja la opción: o permitimos dejarnos influenciar y vivimos como lo hacen los demás, o nosotros nos decidimos a ser de impacto para la sociedad.
Hoy te animo a que vuelvas a meditar en los valores que Dios nos ha dejado y que aprendamos a ser corteses con las personas dando así un buen ejemplo a nuestros hijos, para que los buenos valores no se pierdan.







