Un hombre sabio notó que uno de sus estudiantes se sentía mal porque era más débil en relación a sus demás compañeros, pero lo peor fue que usaba esa aparente limitación como excusa para evitar hacer algunos trabajos. Pasaron los días y al continuar esta actitud, se acercó para corregirle dándole la tarea de traer el animal más fuerte del mundo.
Pasaron algunos días y por fin se presentó con su maestro para mostrarle unos dibujos que había hecho y comenzó su disertación diciendo: éste es el oso gris de las montañas que puede derribar un árbol de un zarpazo, éste es un cocodrilo que puede roer casi cualquier cosa con sus dientes, éste es el león cuya fuerza y agilidad lo hacen el rey de la selva, éste es el tiburón blanco que nada a una velocidad impresionante y su potencia no tiene igual en el mar. De esa manera le fue mostrando los dibujos.
Cuando terminó su exposición, el maestro rechazó todos los dibujos que había hecho, volteó y sacó de su baúl un frasco con un escarabajo, miró al estudiante y le dijo: éste es el animal más fuerte del mundo. El joven, extrañado comentó: ¿Cómo este puede ser un animal más fuerte que el oso, el león o que cualquier otro que le mostré?
El maestro le contestó: ésta especie se llama escarabajo rinoceronte por sus cuernos y su fuerza, no mide más de tres o cuatro centímetros pero puede levantar treinta veces su peso, dime ¿cuál de los animales que me mostraste tiene esa misma fuerza en proporción? Por otro lado, existen muchas enfermedades provocadas por micro organismos tan pequeños como la gripe que pueden atacar al hombre más fuerte, astuto, rico o inteligente del mundo y tenderlo en cama por muchos días.  El maestro, a tiempo de levantarse para marcharse hizo un comentario final: No debes calificar a nadie por su apariencia y jamás limitarte a ti mismo por la tuya.
El muchacho comprendió el mensaje y dejó de poner excusas en las tareas que se le encomendaban.
Una actitud similar tuvo Moisés cuando se encontró frente a la zarza ardiente en el monte Horeb. Quizás no existe ningún otro hombre en la biblia que haya puesto tantas excusas para no acudir a un llamado divino. Él, simplemente estaba tan convencido de sus limitaciones humanas que no había lugar en su mente para creer en el poder divino, como lo relata Éxodo en los capítulos 3 y 4. Aunque terminó acudiendo al llamado que Dios le hizo, no puede pasar desapercibida tal conversación.
En nuestra vida nos vemos a nosotros mismos con tantas limitaciones físicas, intelectuales, económicas, culturales, sociales, etc. que terminamos creyendo que son más fuertes que las promesas bíblicas. Llega un punto en el que estamos tan convencidos que no sólo no nos dejan avanzar, sino que  las ponemos como excusas valederas para eludir el llamado de Dios.
Las aparentes limitaciones terrenales no pueden ser excusa para no cumplir con el llamado de Dios para nuestras vidas. Mateo 28:19
Deja de ponerte barreras a ti mismo  y evita ser tu propio juez, deja que sea Dios quien actúe por encima de cualquier aparente limitación pues para su poder no hay restricción alguna y sus promesas no conocen lo imposible.
Pero el Señor le dijo: «No te fijes en su apariencia ni en su elevada estatura, pues yo lo he rechazado. No se trata de lo que el hombre ve; pues el hombre se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón.» 1 Samuel 16:7 Versión DHH

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