
Las crisis que a menudo se presentan en nuestras vidas pueden tener dos reacciones: bloquear nuestros sentidos y paralizarnos o motivarnos a continuar y actuar.
¿De qué depende ésto? En realidad de la perspectiva que tenemos de la vida y de los problemas. Si tú ves un problema como a un gigante que no te dejará pasar al otro lado, te quedarás paralizado, pero si lo ves como una grada que te permitirá pasar a otro nivel, simplemente empezarás a dar pasos de fe.
Noche antes del arresto y crucifixión de Jesús, Él se encontraba en el monte Getsemaní, orando a Dios le decía: «¡Padre mío! Si es posible, que pase de mí esta copa de sufrimiento. Sin embargo, quiero que se haga tu voluntad, no la mía». No solo le pidió una vez que no pasara por sufrimiento, sino oró tres veces pero al final recalcaba “que se haga tu voluntad y no la mía”. Muchos quisiéramos no pasar por aflicciones, sin embargo es necesario que las pasemos.
Cuando Jesús caminaba hacia el calvario, sabía que lo crucificarían y que iba a padecer mucho sufrimiento, pero a pesar de todo eso, Él cumplió con el propósito por el cual fue enviado, “pagar el precio de nuestros pecados para nuestra salvación”. Ese momento de aflicción no lo detuvo, al contrario lo hizo fuerte para consolidar su designio.
Aunque es muy difícil encontrarse en medio del sufrimiento, es imprescindible tener esperanza en que todo mejorará, aunque no veamos rastros o indicios que así será. Después de una prueba siempre nos espera un tiempo donde cosecharemos los frutos de nuestra perseverancia como lo indica Santiago 1:2-4 dice: “Amados hermanos, cuando tengan que enfrentar problemas, considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho porque ustedes saben que, siempre que se pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse. Así que dejen que crezca, pues una vez que su constancia se haya desarrollado plenamente, serán perfectos y completos, y no les faltará nada.”
No dejes que la circunstancia que estás pasando te paralice, más bien que sea una razón para que sigas adelante, pues tú no estás solo(a), Dios es quién te acompaña y te dará todo el valor y la fuerza que necesitas para superar todo obstáculo y llegar a la meta.
“Si necesitan sabiduría, pídansela a nuestro generoso Dios, y él se la dará; no los reprenderá por pedirla. “Santiago 1:5
Ten la seguridad de que todo lo que te suceda, sea difícil o fácil, podrás enfrentarlo con la actitud correcta y la fe puesta en Dios, para quien todas las cosas son posibles.







